Crónicas virtuales Margarita Rivière
La muerte de la moda en la era de los mutantes
[ Imagen y look de Mariko Mori ]
En este libro Margarita Rivière nos expone las dos caras de la moneda de la sociedad actual, mostrándonos la transición donde la realidad “virtual”, cada vez más, se convierte en nuestra realidad “real”. El reinado de lo virtual abarca hoy en día todos los órdenes de la vida! Y la moda juega un papel importante en este juego virtual.
Hablamos pues, de una mutación, donde los humanos vivimos con un pie en lo real y un pie en lo virtual. Y donde, por conveniencia, aceptamos con mejores expectativas esa vida virtual que la marginación que supondría vivir la real, una ficción creada para la ignorancia y supervivencia personales.
La moda -aquello creado para una diferenciación grupal, donde el traje aportaba los conceptos de lujo, poder, sueños y libertad- ahora esta muerta. Y ha muerto a manos de su propia tiranía. En cuanto aparece el término “Fashion víctim” y es permitido vestir como una desea ignorando cualquier tendencia o pauta y aparece el concepto arriesgado de llevar lo inllevable, la moda agoniza y muere. Un caos creado por ella misma: ¡si todo es moda.. ya nada lo es!
En el momento en el que aparece la cosmocracia –una globalización de imagen y semejanza-, dentro del ámbito de la moda, buscando democratizar le traje mediante el marketing, la moda entra en el circuito del plano virtual. Pues se aleja de la idea de proporcionar una imagen exterior que luego interiorizará la persona. Se venden imágenes vacías de contenido. Se convierte la moda en un negocio, y su supervivencia depende de la atención de la sociedad y para ello se vale de la escenificación, el simulacro, el espectáculo, para salir en todo momento en los medios de comunicación, como por ejemplo en las pasarelas de Paris o en los Oscar de Hollywood – margarita llama a este fenómeno “crisis de lujo”-.
Actualmente se habla también de una crisis por sobredosis de todo. Vivimos en una sociedad del exceso, donde nos encontramos en un panorama de puro vacío interior en el cual sólo existe la imagen externa. Y esto empieza a suceder en el momento en el que vivimos rodeados de escenificaciones y simulacro.
Tal es la sobredosis que vivimos que la moda ya no crea, recicla – reconstruye – reinventa – como una batidora con tal de sobrevivir a tal exceso, en vez de ser una aportación de imaginación para una autenticidad.
Contradictoriamente, la moda alcanza en la realidad virtual y en la cultura de la imagen su razón de ser.
Pues acaba siendo el eje motor de esa realidad alternativa a la real y junto a ella educan a la sociedad en cuanto a valores e ideales. El marketing, la economía y la política se adentran en ese negocio virtual consumista usando el know how del sistema de la moda. Y ésta recurre al impacto, la sorpresa y la reacción emocional de los participantes.
Vivir hoy en día, es estar pendiente de nuestra propia representación y adaptar lo que queremos mostrar a los demás teniendo en cuenta qué esperan de nosotros dentro de ese espectáculo social. Esta dinámica del artificio tan sólo busca el efectismo como resultado a nuestros actos humanos, para existir en el mundo virtual a través del impacto.
El sistema de la moda siempre ha ido ligado a la base dinámica del mercado y el alma secreta del poder. Pero esto ya no se sostiene, en esta época del consumismo y economía insostenibles existe la necesidad de una reconducción a un estilo de vida más sencillos. Nos encontramos a de más, en un sistema de exclusión, donde se rechazan o suplantan a los seres humanos. Este cambio ha sido definido como: “cambio de civilización”, “mutación” e incluso “humanicidio”.
Pero la moda enfermó de modo que se convirtió ya no en un deseo placentero, sino en una tiranía grotesca y horrible. Existían muertes reales por la moda. La cultura al cuerpo ha sido uno de sus caminos hacia la tumba, y el cine y los mass media vínculos de incitación, de muestras de conducta y formas de vida aceptadas como buenas. Una utopía corporal que trasladaba el cuerpo real en un estorbo y un engorro, provocando odio hacia éste. A mi esto me quedó muy claro cuando, en 2003 estuve vistiendo en Pasarel•la Gaudí, en el backstage Simorra me posó su brazo en el hombro mientras yo admiraba dichos cánones de belleza ideales de nuestra sociedad, y me dijo: - Ellas noo son reales, tu y yo sí que somos reales! No las mires. No existen.
Con esto se demuestra una vez más como ha llegado a influir la realidad virtual en la real. Su intrusión es tal que llega un punto de conexión difusa en la que, a veces, no sabemos distinguir lo real de lo virtual. Y es que hoy en día lo virtual es autosuficiente y se podría decir que tan real como la vida misma. Un ejemplo claro es que los films o cualquier actor real que pose para una cámara será igual de verdadero o real que el creado virtualmente, el único contacto que tenemos con ellos es la pantalla y todo es cuestión de fe.
Del mismo modo, en la vida cotidiana de todo ser humano triunfa la ficción comunicativa. Vivimos en un mundo donde existen los roles y cada persona es capaz de adoptar diversos roles a la vez, esto es la grandeza del disfraz. El transformismo está impuesto dentro de ese mundo virtual, en el que se hace imprescindible para protegerse y sobrevivir en ese gran simulacro.
Aun así, es muy importante tener un pequeño espacio dentro de ese circuito virtual. Ha llegado el punto en el que si no entras dentro del juego resultas marginado e incluso inexistente dentro de la sociedad, un claro ejemplo: “Apareces en google, luego existes”.
Así pues, vivimos en un mundo impuesto por la virtualidad, donde el marketing educa a la sociedad a esa nueva sensibilidad. Donde todo queda en un mero espectáculo y donde el simulacro y la virtualidad son nuestras fuentes de inspiración. Todo queda en un simple impacto visual por el que ser alzado en el triunfo de expectación y la meta el mantenerse en ese podium. Y el camino hacia la victoria es conseguir salir en los medios y conquistar las vidas de los espectadores, formar parte de sus vidas.. sus vidas virtuales.
Ese, es el poder de la moda. Ese es su negocio.

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